Durante mucho tiempo he criticado a muchos de los marroquíes que viven en Navalmoral, acusándolos de no hacer nada por integrarse en las costumbres que les rodean, por más que sean muy distintas a las suyas. También recuerdo haber echado pestes de aquellos que utilizaban su lengua para hablar entre ellos, incluso cuando los demás no podíamos entenderlos (típico ejemplo de dos vascos hablando euskera sin que pilláramos ni papa).
Pues bien, si alguno de los que lee esto me ve volver a criticar estas actitudes, que se sienta en su derecho a echármelo en cara.
Y es que, cuando estás fuera, por muy lejos que sea, sigues tendiendo a mantener las rutinas que han marcado tu vida... siempre que el entorno te lo permita, obviamente. Supongo que no será fácil hacerlo si te mudas de España a Senegal, o de Alemania a Uganda.
Estas rutinas a las que me refiero son cosas como los horarios, las comidas, el tiempo libre... Este es mi tercer año por aquí, y sigo comiendo a la una y media de la tarde, cuando el resto de compañeros ya están de nuevo delante del ordenador. Por no hablar de la cena,que lo de las seis de la tarde para mí sigue siendo merienda. Y, en la medida de lo posible, procuro mantener dieta española, como podéis ver en la foto: vino navarro, pimentón de La Vera y tortas de Inés Rosales (compradas a precio de oro, dicho sea de paso). Y en cuanto a los hobbies... quedo con amigos para jugar al béisbol? No, juego al fútbol. Voy a un bar a ver partidos de hockey? No, hago planes para ver los ciento cincuenta Madrid-Barça de las próximas semanas.
Algo que sí se me ha pegado es lo de levantarme temprano los fines de semana... pero el hecho de que los bares cierren a las dos de la mañana, ayuda bastante.

Y en cuanto al ejemplo del idioma, tengo que decir que hay veces que me siento muy mal, porque soy consciente de que es una falta de educación como un piano de grande. Tengo varios casos curiosos: jugando al fútbol, siempre siempre hablo español con los que saben hablarlo, incluyendo el árbitro, consiguiendo muchas veces que mis compañeros americanos/franceses/alemanes no se enteren ni del nodo. Pero no sólo dentro del campo pasa esto; el otro día nos fuimos a comer, y estábamos en la mesa dos panameños, un americano y un griego. A medida que avanzaba la conversación y empezábamos a hablar rápido, se nos cambiaba el chip y tirábamos de la lengua de Cervantes que daba gusto. Evidentemente, el otro par de ellos se quedaban a cuadros, pero nosotros seguíamos a lo nuestro. Como digo, mal hecho, no nos costaba nada hablar en inglés, que algo sabemos ya después de tanto tiempo por aquí.
Repito que todo esto me es posible por ser un emigrante en un lugar desarrollado, y en un momento en el que todo está conectado instantáneamente. Al levantarme, leo el AS y el Sport, veo qué tal le va a mi hermana en el cole o si mis primos la liaron parda con el turco del Kebab la noche anterior; para dormirme, pongo el matinal de Radio Nacional, puesto que allí ya está empzando un nuevo día... Sí, la tecnología ayuda, y mucho, es evidente.
Así que, de ahora en adelante, cuando a un marroquí con sus rezos, o a dos de Barakaldo hablando en su lengua, procuraré no criticarles, sino ponerme en su lugar y pensar: míralos, cómo echan de menos su tierra y su gente.
3 comentarios:
Delicious Snack, tortas de ines rosales, xDDDDDDDDD. Henorme entrada flo, ya era hora eh?? Que nos tienes descuidados!
Por cierto, no vas a adivinar cuantos goles marcó el cumpleañero de ayer en el partido...
Imagino que me incluyes en lo de liarla en el Kebab. Jajaja. Ya veo que estas estresado, si estas son tus preocupaciones
Pues no puedo estar mas deacuerdo contigo, yo haria lo mismo que tu y por supuesto seguiria criticando, pero claro al leerlo ya te lo piensas.
Un saludo y gracias por acordarte de mi en la entrevista.
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