
Fuimos a Lake Tahoe, un lago que está junto en la frontera de California y Nevada. Como podréis ver en las imágenes es una zona realmente preciosa. Es destino habitual para gente que va a hacer esquí... Así que me dio por probar suerte con el snowboard, junto con mi compañero Jerry, que ni siquiera había visto la nieve en su vida. Imaginaros el panorama, culetazo tras culetazo hasta el culetazo final. Y encima, la pista en la que nos metimos no era apta para principiantes. Así que al plantarnos en la cima, antes de empezar la aventura, lo que teníamos era más miedo que vergüenza!!!

Al final, parece que nos manteniamos algo sobre la tabla... pero claro, en el momento en el que pillaba más velocidad de la cuenta, me hacía caquita y como no sabía frenar, pues me inmolaba contra el suelo. Han pasado dos semanas y sigo teniendo tres moratones muy ricos all around my body.

La casita en la que nos quedamos era lo más mono que te puedas echar en cara (foto). En medio del bosque, llena de detalles... La típica casa de vacaciones de peli americana, que para eso estamos en América no?
Como curiosidad decir que había unas instrucciones sobre cómo actuar con los osos en caso de encontrarte con alguno: si es en tu propiedad, cabréate, grita y tírale cosas, para que vea que está en sus sitio que no debe. Y si en su territorio (bosque adentro), debes entablar contacto visual con él y no correr, para que no crea que estás haciendo algo malo...
Pues eso, que la teoría ahí queda; el que se atreva a mirar a los ojos al oso y quedarse quieto, que me lo diga!
Y ahora... vuelta a casa por Navidad, con tres días de escala en Miami Beach para recargar las pilas!
2 comentarios:
"...en el momento en el que pillaba más velocidad de la cuenta, me hacía caquita y como no sabía frenar, pues me inmolaba contra el suelo."
No podría haberlo explicado mejor.
Las clases de lengua española de Carmen Ingelmo aportaron esta fluidez a mi narrativa.
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