Si la playa de Chicago fue realmente sorprendente, la ciudad propiamente dicha también me encantó.
Como gran ciudad que es, tiene sus rascacielos y edificios de oficinas, al estilo de Nueva York. Los hay de todos los tipos, es una maravilla para los que entiendan de arquitectura. Además, es una ciudad muy bien organizada por ser prácticamente "nueva"; y esto porque por 1870, un incendio destruyó todo. Este "Gran Incendio" lo provocó una vaca, que con la cola tiró un farol haciendo que se prendiese fuego al corral en el que estaba y de ahí se extendió a todo Chicago.
El caso es que al quedar todo arrasado, se reconstruyó la ciudad desde cero, y quedó bastante chula. Los ríos que cruzan la ciudad hacen que todo sea más bonito, el paseíto en barco merece mucho la pena. Como siempre, unas fotos que ilustan todo esto.
Estas otras están tomadas desde la Torre Sears, el tercer rascacielos más alto del mundo (527 metros):
También hay obras de arte en plena calle: esculturas de Picasso, Miró... Como un museo al aire libre:
Y por último, Millenium Park. Es un parque situado a continuación de la zona de rascacielos, y que reformaron en 1996. El resultado es un paqrue muy moderno, con distintas cositas que ver:
Cloud Gate: Es una especie de nube/gota de agua cuyas paredes son espejos. Queda genial el reflejo de los edificios:
Jay Pritzker Pavilion: Un auditorio al aire libre que recuerda mucho al Guggenheim de Bilbao. También muy bonito; de noche, la iluminación va cambiando de colores.
Crown fountain: Curiosísimo. Dos bloques rectangulares de pantallas LCD. En estas pantallas se reproducen vídeos de rostros humanos; entre los dos bloques, los niños se lo pasan pipa mojándose los pies (y lo que son los pies). Lo más llamativo es cuando una de las caras en los vídeos empieza a escupir un chorro de agua.
Y esto es todo sobre Chicago... En cuanto tenga algo nuevo que contar, volveré por aquí!
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